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viernes, 22 de abril de 2011

Teoría de R. Virchow sobre blastemas


Teoría de R. Virchow
Desde siempre a Virchow le preocupó la siguiente pregunta: ¿De qué lugar del organismo vivo parte la acción y qué era lo activo?. Este era, en su opinión, el quid del problema, tanto de la  fisiología como de la patología. La Teoría de Blastemas vio este principio  creador activo en los blastemas. En el microscopio, sin embargo, la célula se  mostraba realmente como la más pequeña unidad de vida percibible, con lo que  Virchow concluyó que la célula era realmente el último elemento con forma de  todos los seres vivos de los que parte toda la acción de la vida, tanto en el  individuo sano como en el enfermo. 
Puesto que un blastema no era  objetivable, no podría existir ninguna generación espontánea. Donde se forma una célula, debe haber  existido otra célula. Cada célula solamente puede crearse a partir de otra célula. (Omnis cellula e cellula  ejusdem generis). Esta tesis es conocida como la Ley de Virchow o Ley del  Desarrollo Continuo.
Así, dado que la célula es la  más pequeña unidad de la vida en ella debe lógicamente residir el punto de  partida, unidad y esencia de la enfermedad, por tanto, en la célula cancerosa  ese punto de partida de la enfermedad residirá en la primera célula cancerosa  y, por consiguiente, debe verse la procedencia, unidad y mensaje del tumor  canceroso.
De este modo, cualquier  desarrollo de un tumor solamente puede partir de la Ur-Geschwulstzell o primera célula cancerosa básica, con lo que  cualquier trastorno, cualquier enfermedad, tiene un primer foco anatómico. Esta  Ley de la Patogénesis Local forma, junto con la citada Ley del Desarrollo  Continuo, la pieza central de la patología celular de Virchow.
Por consiguiente, Virchow fue el  primero en descubrir que la célula cancerosa se distinguía del muttergewebe (tejido madre) sano, constituyendo  una tipo celular completamente nuevo con distintas características biológicas.  Por lo menos un ejemplar de este tipo de células nuevas, esto es, de la primera  célula cancerosa, debe de preexistir, para que pueda formarse un tumor.
La pregunta evidente del por qué y de qué manera una célula que hasta ahora ha sido normal se convierte en la  primera célula cancerosa, trató de responderla con la publicación en 1853 de la  Teoría del Tallo Embrionario. Contempló como tejido matriz (tallo embrionario)  de todos los tumores cancerosos el tejido conjuntivo, que produciría formaciones  heteropláticas. Virchow constató que el neoplasma consiste en tejido en un  principio normal, pero que se encuentra en un lugar que no le corresponde.
Puesto  que esta hipótesis no convenció, intentó en 1863 una mejor explicación con la  Teoría de la Irritación. Según Virchow, nuevas formaciones malignas se desarrollan  preferentemente en órganos sometidos a una fuerte carga mecánica o química, por  ejemplo allí donde el tejido ha sufrido irritación continua ya sea por  fricción, presión, toxinas o también por inflamaciones crónicas. El cáncer de  labios o de lengua ha sido explicado así en el fumador de pipa (hoy día podríamos  añadir el cáncer de pulmón de fumadores de cigarrillos), el cáncer de piel o del  escroto de los deshollinadores son ejemplos concluyentes para el significado cancerígeno  de las irritaciones crónicas. Esta Teoría de Irritación ha sido aceptada generalmente  y no ha perdido significado en la actualidad.
Pero la demanda verdadera de la  investigación sobre el cáncer, así como sobre el “cómo y de qué manera” y la  cuestión acerca de si estos factores irritantes sobre una célula normal la  convierten en una célula cancerosa, no puede contestarse sólo con la Teoría de  la Irritación. 

1 comentario:

  1. Teoría de R. Virchow
    Desde siempre a Virchow le preocupó la siguiente pregunta: ¿De qué lugar del organismo vivo parte la acción y qué era lo activo?. Este era, en su opinión, el quid del problema, tanto de la fisiología como de la patología. La Teoría de Blastemas vio este principio creador activo en los blastemas. En el microscopio, sin embargo, la célula se mostraba realmente como la más pequeña unidad de vida percibible, con lo que Virchow concluyó que la célula era realmente el último elemento con forma de todos los seres vivos de los que parte toda la acción de la vida, tanto en el individuo sano como en el enfermo.
    Puesto que un blastema no era objetivable, no podría existir ninguna generación espontánea. Donde se forma una célula, debe haber existido otra célula. Cada célula solamente puede crearse a partir de otra célula. (Omnis cellula e cellula ejusdem generis). Esta tesis es conocida como la Ley de Virchow o Ley del Desarrollo Continuo.
    Así, dado que la célula es la más pequeña unidad de la vida en ella debe lógicamente residir el punto de partida, unidad y esencia de la enfermedad, por tanto, en la célula cancerosa ese punto de partida de la enfermedad residirá en la primera célula cancerosa y, por consiguiente, debe verse la procedencia, unidad y mensaje del tumor canceroso.
    De este modo, cualquier desarrollo de un tumor solamente puede partir de la Ur-Geschwulstzell o primera célula cancerosa básica, con lo que cualquier trastorno, cualquier enfermedad, tiene un primer foco anatómico. Esta Ley de la Patogénesis Local forma, junto con la citada Ley del Desarrollo Continuo, la pieza central de la patología celular de Virchow.
    Por consiguiente, Virchow fue el primero en descubrir que la célula cancerosa se distinguía del muttergewebe (tejido madre) sano, constituyendo una tipo celular completamente nuevo con distintas características biológicas. Por lo menos un ejemplar de este tipo de células nuevas, esto es, de la primera célula cancerosa, debe de preexistir, para que pueda formarse un tumor.
    La pregunta evidente del por qué y de qué manera una célula que hasta ahora ha sido normal se convierte en la primera célula cancerosa, trató de responderla con la publicación en 1853 de la Teoría del Tallo Embrionario. Contempló como tejido matriz (tallo embrionario) de todos los tumores cancerosos el tejido conjuntivo, que produciría formaciones heteropláticas. Virchow constató que el neoplasma consiste en tejido en un principio normal, pero que se encuentra en un lugar que no le corresponde.
    Puesto que esta hipótesis no convenció, intentó en 1863 una mejor explicación con la Teoría de la Irritación. Según Virchow, nuevas formaciones malignas se desarrollan preferentemente en órganos sometidos a una fuerte carga mecánica o química, por ejemplo allí donde el tejido ha sufrido irritación continua ya sea por fricción, presión, toxinas o también por inflamaciones crónicas. El cáncer de labios o de lengua ha sido explicado así en el fumador de pipa (hoy día podríamos añadir el cáncer de pulmón de fumadores de cigarrillos), el cáncer de piel o del escroto de los deshollinadores son ejemplos concluyentes para el significado cancerígeno de las irritaciones crónicas. Esta Teoría de Irritación ha sido aceptada generalmente y no ha perdido significado en la actualidad.
    Pero la demanda verdadera de la investigación sobre el cáncer, así como sobre el “cómo y de qué manera” y la cuestión acerca de si estos factores irritantes sobre una célula normal la convierten en una célula cancerosa, no puede contestarse sólo con la Teoría de la Irritación.

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