| A solicitud de nuestros usuarios, les publicamos el juramento jesuíta de forma textual para que usted juzgue. No emitiremos comentario por nuestra parte, pues este juramento habla por sí mismo... Por lo tanto al extremo de mi poder yo defenderé esta doctrina del derecho y costumbre de 'Su Santidad' contra todos los usurpadores o autoridadesProtestantes cualesquiera, especialmente la iglesia Luterana de Alemania, Holanda, Dinamarca, Suecia, y Noruega y la ahora pretendida autoridad de las iglesias de Inglaterra y Escocia, y las ramas de la misma ahora establecidas en Irlanda y en el Continente de América y en cualquier otro sitio, y todos sus adherentes en consideración que ellos sean usurpados y herejes, oponiéndose a la 'Madre Iglesia de Roma.'
Para quienes se interesen en una copia en inglés la pueden encontrar en el siguiente enlace:
BibleBelievers.org.au
Napoleón Bonaparte hizo esta afirmación:
"Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER" |
Sueños, Pesadillas, Átomos y Membranas (Rafael)
Así vamos
lunes, 8 de abril de 2013
El Juramento de Iniciación Jesuita
lunes, 12 de diciembre de 2011
Pecados capitales 3
Pecados capitales 3
Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:
Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento.
Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.
Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los siete pecados capitales como tema entre los artistas europeos de la época finalmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia cristiana a través del mundo.
Listado de los siete pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321): Lujuria, Pereza, Gula, Ira, Envidia, Avaricia, Soberbia.
La identificación y definición de los siete pecados capitales a través de su historia ha sido un proceso fluido y, como es común con muchos aspectos de la religión, la idea de lo que cada uno de estos pecados envuelve ha evolucionado con el tiempo. Ha contribuido a estas variaciones el hecho de que no se hace referencia a ellos de una manera coherente o codificada en la Biblia y por tanto se han consultado otros trabajos literarios o eclesiásticos para conseguir definiciones precisas de los pecados capitales. La teología de «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia, casi ha sido la mejor fuente conocida desde el Renacimiento (siglos XV y XVI), y muchas interpretaciones y versiones posteriores, especialmente derivaciones conservadoras del protestantismo y del movimiento cristiano Pentecostal han postulado temibles consecuencias para aquellos que cometan estos pecados como un tormento eterno en el Infierno, en vez de la posible absolución a través de la penitencia en el Purgatorio.
El término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a santo Tomás de Aquino (II-II:153:4) un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada.
Actualización de los pecados capitales
El 10 de marzo de 2008, el regente del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano, cardenal Gianfranco Girotti, presentó la siguiente lista, que ha sido divulgada ampliamente por los medios de comunicación, con la denominación de pecado social o nuevos pecados capitales:
Realizar manipulaciones genéticas.
Llevar a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
Contaminar el medio ambiente.
Provocar injusticia social.
Causar pobreza.
Enriquecerse hasta límites obscenos a expensas del bien común.
Consumir drogas.
La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, los tradicionales siete pecados capitales enumerados por el papa Gregorio I hace 1500 años y recogidos después por Dante Alighieri en La Divina Comedia, se habían quedado obsoletos para el mundo globalizado de hoy. Así que el Vaticano ha decidido modernizar la lista exhibiendo una atención especial hacia los llamados «pecados sociales», aquellos cuya comisión va en contra de la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. El resultado son siete nuevos pecados capitales, que condenan como ofensas a Dios acciones tales como enriquecerse a costa de los demás o algunas investigaciones científicas con implicaciones bioéticas.
Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:
Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento.
Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.
Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los siete pecados capitales como tema entre los artistas europeos de la época finalmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia cristiana a través del mundo.
Listado de los siete pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321): Lujuria, Pereza, Gula, Ira, Envidia, Avaricia, Soberbia.
La identificación y definición de los siete pecados capitales a través de su historia ha sido un proceso fluido y, como es común con muchos aspectos de la religión, la idea de lo que cada uno de estos pecados envuelve ha evolucionado con el tiempo. Ha contribuido a estas variaciones el hecho de que no se hace referencia a ellos de una manera coherente o codificada en la Biblia y por tanto se han consultado otros trabajos literarios o eclesiásticos para conseguir definiciones precisas de los pecados capitales. La teología de «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia, casi ha sido la mejor fuente conocida desde el Renacimiento (siglos XV y XVI), y muchas interpretaciones y versiones posteriores, especialmente derivaciones conservadoras del protestantismo y del movimiento cristiano Pentecostal han postulado temibles consecuencias para aquellos que cometan estos pecados como un tormento eterno en el Infierno, en vez de la posible absolución a través de la penitencia en el Purgatorio.
El término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a santo Tomás de Aquino (II-II:153:4) un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada.
Actualización de los pecados capitales
El 10 de marzo de 2008, el regente del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano, cardenal Gianfranco Girotti, presentó la siguiente lista, que ha sido divulgada ampliamente por los medios de comunicación, con la denominación de pecado social o nuevos pecados capitales:
Realizar manipulaciones genéticas.
Llevar a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
Contaminar el medio ambiente.
Provocar injusticia social.
Causar pobreza.
Enriquecerse hasta límites obscenos a expensas del bien común.
Consumir drogas.
La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, los tradicionales siete pecados capitales enumerados por el papa Gregorio I hace 1500 años y recogidos después por Dante Alighieri en La Divina Comedia, se habían quedado obsoletos para el mundo globalizado de hoy. Así que el Vaticano ha decidido modernizar la lista exhibiendo una atención especial hacia los llamados «pecados sociales», aquellos cuya comisión va en contra de la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. El resultado son siete nuevos pecados capitales, que condenan como ofensas a Dios acciones tales como enriquecerse a costa de los demás o algunas investigaciones científicas con implicaciones bioéticas.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Pecados Capitales 2
Pecados capitales
Los pecados capitales son enumerados por:
Santo Tomás (I-II:84:4) como siete: vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira.
San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos.
El número siete fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.
Escritores anteriores enumeraban 8 pecados capitales:
San Cipriano (De mort., iv)
Cassian (De instit. cænob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis)
Columbanus ("Instr. de octo vitiis princip." in "Bibl. max. vet. patr.", XII, 23)
Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.)
El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”.
El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”.
Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está inclinada. Es por eso muy importante para todo el que desee avanzar en la santidad aprender a detectar estas tendencias en su propio corazón y examinarse sobre estos pecados.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Los Siete Pecados Capitales
Los Siete Pecados Capitales
No hay en la Biblia referencia a los siete pecados capitales que todos, más o menos, conocemos desde niños:
Iniciaré el estudio de este apasionante tema recordando al citado monje, Evagrio Póntico, intentando ver en qué circunstancias estos vicios o pecados empezaron a florecer como tales.
Evagrio Póntico
Evagrio fue discípulo de los dos Macarios (Sócrates, Hist. eccl. 4,23); se le llama el Póntico porque nació en Ibora, en el Ponto. Fue ordenado de lector por Basilio Magno y de diácono por Gregorio Nacianceno. Acompañó a este último al concilio de Constantinopla (381), y, “como era hábil en las discusiones contra las herejías” (Hist. Laus. 38,2), se quedó con Nectario, patriarca de aquella ciudad, donde muy pronto “prosperó, pues hablaba con celo juvenil contra las herejías”. Cuando vio su alma amenazada por peligros y su virtud por tentaciones, abandonó la ciudad y marchó a Jerusalén, donde fue recibido por Melania la Anciana, matrona romana, y de allí poco después, hacia el año 382, a Egipto. Se desterró por dos años a las montañas de Nitria y entró luego en el desierto a vivir durante catorce años en Celia. Aquí fue donde conoció a los Macarios y “emuló su modo de vivir y sus manos obraban milagros tan numerosos e importantes como los de sus maestros,” como dice el historiador Sócrates (Hist. eccl. 4,23). Ganaba su sustento escribiendo, “pues escribía los caracteres Oxyrhynchus de forma excelente,” según Paladio (Hist. Laus. 38,10), que fue discípulo suyo. Cuando Teófilo de Alejandría quiso hacerle obispo, rehusó. Murió el año 399, a la edad de cincuenta y cuatro años.
Antirrhetikos
Sócrates (Hist. eccl. 4,23) dice que Evagrio compuso un libro que “contenía textos selectos de la Sagrada Escritura contra los espíritus tentadores, distribuidos en ocho partes según el número de temas, intitulado Antirrhetikos (Άντιρρητικός)” Evidentemente, Genadio se refiere al mismo libro cuando informa que Evagrio escribió una obra, “Sugerencias contra los ocho vicios capitales,” añadiendo que él “fue el primero en llamar la atención o al menos entre los primeros que conocieron estas sugerencias; compuso ocho libros tomando de los testimonios de las Sagradas Escrituras, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor, quien siempre resistió a su tentador con citas de la Escritura, de manera que cada una de las sugerencias, sean del diablo o de la naturaleza depravada, tuviere un testimonio en contra”. Por fortuna, el Antirrhetikos se ha salvado íntegramente en versiones siríaca y armenia.
Trata en ocho libros de los ocho espíritus malos que mantienen al monje bajo fuego constante: los demonios de la gula, adulterio, avaricia, desaliento, irritabilidad, fastidio de ser monje, pereza, arrogancia. De cada uno de estos vicios, el autor investiga las causas y las influencias diabólicas que están en juego, y concluye con una cita de la Biblia que hace al monje capaz de superar el ataque. De esta manera Evagrio se propone dar un vademécum útil para el monje que él llama “activo,” es decir, uno que todavía está luchando.
Es el primer testigo literario, de la doctrina de los ocho vicios precursora de la doctrina de los siete pecados capitales. Casiano, Nilo, Gregorio Magno, Juan Clímaco, Juan Damasceno y otros dieron gran importancia a esta doctrina.
- Lujuria
- Pereza
- Gula
- Ira
- Envidia
- Avaricia
- Soberbia
Iniciaré el estudio de este apasionante tema recordando al citado monje, Evagrio Póntico, intentando ver en qué circunstancias estos vicios o pecados empezaron a florecer como tales.
Evagrio Póntico
Evagrio fue discípulo de los dos Macarios (Sócrates, Hist. eccl. 4,23); se le llama el Póntico porque nació en Ibora, en el Ponto. Fue ordenado de lector por Basilio Magno y de diácono por Gregorio Nacianceno. Acompañó a este último al concilio de Constantinopla (381), y, “como era hábil en las discusiones contra las herejías” (Hist. Laus. 38,2), se quedó con Nectario, patriarca de aquella ciudad, donde muy pronto “prosperó, pues hablaba con celo juvenil contra las herejías”. Cuando vio su alma amenazada por peligros y su virtud por tentaciones, abandonó la ciudad y marchó a Jerusalén, donde fue recibido por Melania la Anciana, matrona romana, y de allí poco después, hacia el año 382, a Egipto. Se desterró por dos años a las montañas de Nitria y entró luego en el desierto a vivir durante catorce años en Celia. Aquí fue donde conoció a los Macarios y “emuló su modo de vivir y sus manos obraban milagros tan numerosos e importantes como los de sus maestros,” como dice el historiador Sócrates (Hist. eccl. 4,23). Ganaba su sustento escribiendo, “pues escribía los caracteres Oxyrhynchus de forma excelente,” según Paladio (Hist. Laus. 38,10), que fue discípulo suyo. Cuando Teófilo de Alejandría quiso hacerle obispo, rehusó. Murió el año 399, a la edad de cincuenta y cuatro años.
Antirrhetikos
Sócrates (Hist. eccl. 4,23) dice que Evagrio compuso un libro que “contenía textos selectos de la Sagrada Escritura contra los espíritus tentadores, distribuidos en ocho partes según el número de temas, intitulado Antirrhetikos (Άντιρρητικός)” Evidentemente, Genadio se refiere al mismo libro cuando informa que Evagrio escribió una obra, “Sugerencias contra los ocho vicios capitales,” añadiendo que él “fue el primero en llamar la atención o al menos entre los primeros que conocieron estas sugerencias; compuso ocho libros tomando de los testimonios de las Sagradas Escrituras, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor, quien siempre resistió a su tentador con citas de la Escritura, de manera que cada una de las sugerencias, sean del diablo o de la naturaleza depravada, tuviere un testimonio en contra”. Por fortuna, el Antirrhetikos se ha salvado íntegramente en versiones siríaca y armenia.
Trata en ocho libros de los ocho espíritus malos que mantienen al monje bajo fuego constante: los demonios de la gula, adulterio, avaricia, desaliento, irritabilidad, fastidio de ser monje, pereza, arrogancia. De cada uno de estos vicios, el autor investiga las causas y las influencias diabólicas que están en juego, y concluye con una cita de la Biblia que hace al monje capaz de superar el ataque. De esta manera Evagrio se propone dar un vademécum útil para el monje que él llama “activo,” es decir, uno que todavía está luchando.
Es el primer testigo literario, de la doctrina de los ocho vicios precursora de la doctrina de los siete pecados capitales. Casiano, Nilo, Gregorio Magno, Juan Clímaco, Juan Damasceno y otros dieron gran importancia a esta doctrina.
viernes, 22 de abril de 2011
Teoría de R. Virchow sobre blastemas
Teoría de R. VirchowDesde siempre a Virchow le preocupó la siguiente pregunta: ¿De qué lugar del organismo vivo parte la acción y qué era lo activo?. Este era, en su opinión, el quid del problema, tanto de la fisiología como de la patología. La Teoría de Blastemas vio este principio creador activo en los blastemas. En el microscopio, sin embargo, la célula se mostraba realmente como la más pequeña unidad de vida percibible, con lo que Virchow concluyó que la célula era realmente el último elemento con forma de todos los seres vivos de los que parte toda la acción de la vida, tanto en el individuo sano como en el enfermo. Puesto que un blastema no era objetivable, no podría existir ninguna generación espontánea. Donde se forma una célula, debe haber existido otra célula. Cada célula solamente puede crearse a partir de otra célula. (Omnis cellula e cellula ejusdem generis). Esta tesis es conocida como la Ley de Virchow o Ley del Desarrollo Continuo.Así, dado que la célula es la más pequeña unidad de la vida en ella debe lógicamente residir el punto de partida, unidad y esencia de la enfermedad, por tanto, en la célula cancerosa ese punto de partida de la enfermedad residirá en la primera célula cancerosa y, por consiguiente, debe verse la procedencia, unidad y mensaje del tumor canceroso.De este modo, cualquier desarrollo de un tumor solamente puede partir de la Ur-Geschwulstzell o primera célula cancerosa básica, con lo que cualquier trastorno, cualquier enfermedad, tiene un primer foco anatómico. Esta Ley de la Patogénesis Local forma, junto con la citada Ley del Desarrollo Continuo, la pieza central de la patología celular de Virchow.Por consiguiente, Virchow fue el primero en descubrir que la célula cancerosa se distinguía del muttergewebe (tejido madre) sano, constituyendo una tipo celular completamente nuevo con distintas características biológicas. Por lo menos un ejemplar de este tipo de células nuevas, esto es, de la primera célula cancerosa, debe de preexistir, para que pueda formarse un tumor.La pregunta evidente del por qué y de qué manera una célula que hasta ahora ha sido normal se convierte en la primera célula cancerosa, trató de responderla con la publicación en 1853 de la Teoría del Tallo Embrionario. Contempló como tejido matriz (tallo embrionario) de todos los tumores cancerosos el tejido conjuntivo, que produciría formaciones heteropláticas. Virchow constató que el neoplasma consiste en tejido en un principio normal, pero que se encuentra en un lugar que no le corresponde.Puesto que esta hipótesis no convenció, intentó en 1863 una mejor explicación con la Teoría de la Irritación. Según Virchow, nuevas formaciones malignas se desarrollan preferentemente en órganos sometidos a una fuerte carga mecánica o química, por ejemplo allí donde el tejido ha sufrido irritación continua ya sea por fricción, presión, toxinas o también por inflamaciones crónicas. El cáncer de labios o de lengua ha sido explicado así en el fumador de pipa (hoy día podríamos añadir el cáncer de pulmón de fumadores de cigarrillos), el cáncer de piel o del escroto de los deshollinadores son ejemplos concluyentes para el significado cancerígeno de las irritaciones crónicas. Esta Teoría de Irritación ha sido aceptada generalmente y no ha perdido significado en la actualidad.Pero la demanda verdadera de la investigación sobre el cáncer, así como sobre el “cómo y de qué manera” y la cuestión acerca de si estos factores irritantes sobre una célula normal la convierten en una célula cancerosa, no puede contestarse sólo con la Teoría de la Irritación. lunes, 18 de abril de 2011
De la materia inorgánica a la vida
De la materia inorgánica a la vida, de la
vida a la vida humana
Nicolas Jouve
Catedrático de Genetica, Universidad de Alcalá
Email:
nicolas.jouve@uah.es(extracto)
Del análisis y composición bioquímica de los seres vivos actuales sabemos que cualquiera que fuera nuestro antepasado común, debía tener moléculas capaces de almacenar información genética, ácidos nucléicos, y moléculas destinatarias de esta información, proteínas. Tal vez cabría pensar en algún tipo de proteínas primitivas con capacidad de replicación, o en algún tipo de ácido nucléico con capacidad de catalizar reacciones. En cualquier caso, estamos ante una paradoja: haría falta la presencia tanto de ácidos nucléicos como de proteínas, antes de que la selección natural pudiese actuar como en el presente, y por otra parte la asociación es bastante improbable como para que haya ocurrido sólo por azar. El problema que plantea el conocimiento del origen de la vida se puede plasmar en una pregunta ¿cómo se llegó a formar un sistema interdependiente de ácidos nucléicos y proteínas?.
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